Estoy enganchada a la serie Héroes. Me he visto 8 capítulos en dos noches.
Antes se veían pocas (o ninguna) escena de mujeres orinando en las películas. Quedaba feo. A las actrices no les gustaba hacerlas. Pero los tiempos cambian y, como ocurrió con los besos y con el sexo, ya no está tan mal visto y la pee scene femenina se ha incorporado en los guiones. Ahí está Nicole Kidman en Eyes Wide Shut. Y Elisabeth Shue en Living Las Vegas. Y, por supuesto, Pe en Volver.
Pero aún queda una última frontera por romper en este rubro: orinar de pie, como en una pequeña pero premonitoria escena en Full Monty, en la que una mujer entraba a los urinarios de hombre y daba una icnreíble demostración de equilibrio y control.
Dos de la mañana. Al lado de mi casa hay una fiesta (a la que no he sido invitada). Me asomo al balcón. Escucho la música y las voces y las risas.
De pronto una figura sale del portal.
Es una chica tambaleándose.
De pronto se detiene frente a MI portal. Abre las piernas. Y MEA.
Lo escucho. Lo veo.
De pie. Sin siquiera subirse la falda. Sin agacharse. Sin despeinarse.
Luego regresa a la fiesta tan pancha.
Cuando estaba en el colegio, un grupo de chicos del curso planeaban un fin de semana en la montaña. Algunas chicas les dijimos que queríamos ir. Nos dijeron que primero debíamos pasar la prueba, que si la pasábamos podríamos acompañarlos. La prueba era orinar de pie. Ninguna de nosotras fue a la excursión.
Años más tarde, en un viaje encontré en una tiendecilla de carretera un adminículo llamado PISS! Un cono de plástico "diseñado anatómicamente" para que las mujeres pudieran hacerlo de pie.
Hay varias actrices que imagino haciendo su pee scene de pie. Tan desenvueltas como mi vecina de la fiesta. A Cameron Díaz, por ejemplo, le pega todo. Y a Michelle Rodriguez. De las nuestras, veo a Natalie Poza.
Vi Belleza robada en el Festival de Cannes de 1996. Fue el mismo año de Rompiendo las olas, Fargo, Secretos y mentiras y Crash. Liv Tyler era una desconocida. Pero admiraba a Bertolucci porque en mi adolescencia cinéfila había flipado con "Novecento", con "El último tango en París " y sobre todo con "La luna".
El highlight era que por primera vez en 19 años Bertolucci había vuelto a rodar en su país, alejado de Italia a causa “de la situación política”, como explicó en ese entonces. Se había refugiado en la Toscana —con el mejor paisaje, en una casita sofisticadamente rural, llena de actores amigos y en atmósfera intimista— para rodar esta iniciación de una adolescente al amor que resulta en un film hermoso hasta el empalago, sublime a ratos y vistosamente vacuo la mayoría del tiempo.
Liv Tyler tenía 19 años e iba colgada del brazo del (rejuvenecido) cineasta italiano con aires de tímida doncella y sin saber dónde poner las manos. “Cuando Bernardo me eligió, me dio un ataque al corazón”, dijo. Bertolucci se la encontró en un ascensor y apenas la vio la llamó para interpretar a su Lucy, una chica norteamericana y virgen (¡¡¿¿¿virgen???!!) que llega a Siena a pasar un verano con la intención de reencontrarse con un antiguo novio y de descubrir quién es su verdadero padre. Todos los habitantes de la casa (intelectuales liberales, sofisticados y muuuy inteligentes) quedan marcados con la presencia de la niña-mujer.
Recuerdo que salí cabreada del Palais. Me pareció el capricho de un viejo verde, regodéandose las dos horas en el cuerpo adolescente de su actriz. Lo mismo que hizo el año siguiente con Thandie Newton en "Asediada". Y más o menos ídem con Eva Green en "The Dreamers".
¿Será que llega un momento en que los directores envejecen, no tiene nada más que decir, se ponen babosos y deciden simplemente rodar para pasárselo bien? Fenómenos parecidos tenemos cerca con "La Juani" o "Ninette".
Me los imagino encantados rodando sus películas, en locaciones cómodas, paradisíacas o divertidas, comiendo bien, bebiendo buen vino y disfrutando de la compañía de jóvenes y guap@s. No está mal para ir despidiéndose. Adiós Bernardo! Adiós Bigas! Adiós Garci!
No he vuelto a ver "Belleza robada", que es como la madre de este sub-género de "Películas en la Toscana". Pero conservo la banda sonora. Y aún la escucho.
Me duermo en un pase viendo a Salma Hayek en una película infame llamada “Pregúntale al viento”, con Collin Farrell haciendo de escritor que no escribe nada y se atormenta mucho por ello. Antes de entrar en coma de hastío, recuerdo una anécdota del Festival de Cannes. El simpático hijo de un distribuidor español asiste a una fiesta, entra en la zona vip y, sin reconocer a la actriz, se sienta junto a ella. Bastante ciego como iba, le tira los tejos. Cuando la actriz llama a los de seguridad para que se lo quiten de encima, sólo alcanza a decirle, antes de que lo saquen: “¡Pero tú de qué vas, pero si no estás tan buena. Y encima eres una enana!”. Al día siguiente, cuando le cuentan lo ocurrido, quería matarse.
Lo de 'Infiltrada' no es un homenaje oportunista a Scorsese y sus recientes Oscar.
En realidad yo quería que este blog se llamara Chick Flick, ¿género? de películas protagonizadas por chicas, en las que las chicas (protagonistas y espectadoras) lloran mucho pero en las que al final siempre encuentran el gran amor (las chicas de la película, no las espectadoras, cuyos chicos supuestamente se duermen en la butaca). En fin, el nombre era en plan irónico y tal.
Sin embargo, una terrorífica visión televisiva me disuadió:
Canal: E! Entertainment.
Programa: Uno de listas: los mejores de Hollywood, los más sexys, los más millonarios, los más venidos a menos...
Presentadoras: Ally Sheedy anoréxica y Molly Ringwald muy entrada en carnes y en años.
Subject: Los 50 mejores Chick Flick.
Introducción: Desde un sofá, aquellas chicas del brat-pack (ahora muy botoxicadas) definen el concepto de Chick Flick y dan paso a las 50 elegidas.
No detallo la lista, no merece la pena. Sólo adivinaréis, cómo no, que el primer lugar se lo lleva... ¡Pretty Woman!
El ciclo protagonizado por mujeres que este mes programa TCM no va de Chick Flick. Se trata de "mujeres luchadoras que trabajan activamente contra la hegemonía masculina, contra el dominio social e íntimo del hombre". Eso dice la nota de prensa. ¿Es cierto? Ya lo iremos viendo. Je. Me froto las manos.
Leo en una revista un estudio acerca de sexualidad y de cómo mantener en alto la pasión en la pareja. Los señores estudiosos recomiendan hablar. Y que si el hombre tiene ganas, pues que lo diga y lo exponga y lo fundamente. Y que si la mujer no tiene tantas, que se aguante y que complazca. Es decir, la premisa es que el hombre siempre tiene ganas y la mujer nunca. Y yo digo, estos no han ido a entrevistar a nadie. Si para dar con este tópico no hace falta ninguna encuesta ni ningún trabajo de campo. Esa conclusión la sacas mirando cualquier película o cualquier serie de televisión.
Porque, con muy contadas excepciones (que ahora no me acuerdo de ninguna), eso mismo es lo que presenta el cine en general y el español en particular: que ser mujer, significa ser una completa desganada a la que el sexo se la trae al fresco. A menos que la protagonista sea una ninfómana perturbada o que el sexo sirva como arma y la zorra quiera ‘algo’.
Estereotipos aparte (Ella: la Frígida; Él: Desde que Amanece Apetece), el problema es que, hasta en los mejores guionistas, la cosa parece ser LA escena-recurso. ¿Que tengo que contar que esa mujer tiene un problema, o que está triste o insatisfecha, o que necesita cambiar de vida?, zas, a meter la secuencia-bisagra en la que ella se da la vuelta y apaga la luz. ¡En el cine las mujeres siempre se DAN LA VUELTA! Un recurso de los guionistas perezosos que creen que con esta ¡oh! pista (facilona, predecible, aburrida) han mostrado toda la dimensión del conflicto de un solo plumazo. Y entonces el espectador debe soportar en casi toda comedia romántica o drama amoroso ese momento-cama, uno a cada lado, la sábana por los sobacos, ella leyendo un libro a la vez que rechaza al hombre con profundo aburrimiento.
Qué gran omisión del séptimo arte, qué injusticia histórica. Desde esta tribuna yo reivindico al hombre desganado, ese que un día no-le-apetece, el que no quiere follar y ya está y por nada en particular. Porque si un hombre declina tener sexo con su partner sólo significa que el director está muy interesado en que los espectadores entendamos al minuto cero que ese personaje: a) es gay, o b) es impotente, o c) es tonto.
¿Mujeres cachondas en el cine?, las menos. ¿Hombres con la libido en reposo?, inexistentes.
Mi amigo Al me advierte que ya me he perdido unas ocho fiestas seguidas. Que a lo largo de diciembre no fui a ninguno de los saraos de la ‘industria’. Ni al de la productora Tornasol ni a la fiesta de Navidad de Tele 5, ni siquiera a la que dieron los promocioneros más famosos de la urbe, Piti y David (eso sí que es una industria), en la Boite. Tampoco al ‘concurrido’ (palabra tremenda) estreno teatral de Closer, versión Mariano Barroso. Y que, el colmo, tampoco me presenté en la que organizaron los Tele 5 en Pachá tras la entrega de los Goya para celebrar todos los premios y nominaciones de El laberinto del fauno. Le digo a Al que estoy en una etapa de exilio interior. Me contesta que cuidadín con los exilios, que los exilios ya no se llevan.
En Pachá (me cuentan, porque yo no estuve) lo mejor fue la barra libre y la música a cargo de DJ Sasa (a la que podéis encontrar pinchando en la Fábrica y que es, además, la ex del actual de la nueva presidenta). Y que estaba todo Dios, claro, excepto los que se fueron al Cock (Volver y compañía). Y yo busco alguna crónica de la fiesta en la prensa y en Internet, pero nadie habla de ello. ¡Así que tenemos que aguantarlos tres horas diciendo tonterías por la televisión, pero nadie nos cuenta lo mamados que llegaron a estar después! Excepto (y aquí desde la periferia nos llega este hálito de brisa fresca) en El Mañana, Gran Diario Independiente de Matamoros, México, que titula: “¡Celebran a lo mexicano!”. Y subtitula: “Acuden varias figuras del cine español al festejo de la cinta El laberinto del fauno”. Y sigue: “Aunque no hubo tequila, la fiesta de celebración de El laberinto del fauno, que se ganó siete premios Goya el domingo, se llevó a cabo muy a la mexicana: acabó a las seis de la mañana del lunes, hubo varios colados, como Viggo Mortensen, y la mayoría de los invitados terminó con tremenda borrachera”. A mí es que me puede esta vivacidad del periodismo latinoamericano. ‘Tremenda borrachera’, así es como habría que titular tras ‘la fiesta del cine español’, y no cosas como ‘Se impuso’ o ‘Arrasó’, que dan mucho más pereza.