Mi amigo Al me advierte que ya me he perdido unas ocho fiestas seguidas. Que a lo largo de diciembre no fui a ninguno de los saraos de la ‘industria’. Ni al de la productora Tornasol ni a la fiesta de Navidad de Tele 5, ni siquiera a la que dieron los promocioneros más famosos de la urbe, Piti y David (eso sí que es una industria), en la Boite. Tampoco al ‘concurrido’ (palabra tremenda) estreno teatral de Closer, versión Mariano Barroso. Y que, el colmo, tampoco me presenté en la que organizaron los Tele 5 en Pachá tras la entrega de los Goya para celebrar todos los premios y nominaciones de El laberinto del fauno. Le digo a Al que estoy en una etapa de exilio interior. Me contesta que cuidadín con los exilios, que los exilios ya no se llevan.

En Pachá (me cuentan, porque yo no estuve) lo mejor fue la barra libre y la música a cargo de DJ Sasa (a la que podéis encontrar pinchando en la Fábrica y que es, además, la ex del actual de la nueva presidenta). Y que estaba todo Dios, claro, excepto los que se fueron al Cock (Volver y compañía). Y yo busco alguna crónica de la fiesta en la prensa y en Internet, pero nadie habla de ello. ¡Así que tenemos que aguantarlos tres horas diciendo tonterías por la televisión, pero nadie nos cuenta lo mamados que llegaron a estar después! Excepto (y aquí desde la periferia nos llega este hálito de brisa fresca) en El Mañana, Gran Diario Independiente de Matamoros, México, que titula: “¡Celebran a lo mexicano!”. Y subtitula: “Acuden varias figuras del cine español al festejo de la cinta El laberinto del fauno”. Y sigue: “Aunque no hubo tequila, la fiesta de celebración de El laberinto del fauno, que se ganó siete premios Goya el domingo, se llevó a cabo muy a la mexicana: acabó a las seis de la mañana del lunes, hubo varios colados, como Viggo Mortensen, y la mayoría de los invitados terminó con tremenda borrachera”. A mí es que me puede esta vivacidad del periodismo latinoamericano. ‘Tremenda borrachera’, así es como habría que titular tras ‘la fiesta del cine español’, y no cosas como ‘Se impuso’ o ‘Arrasó’, que dan mucho más pereza.