Vi Belleza robada en el Festival de Cannes de 1996. Fue el mismo año de Rompiendo las olas, Fargo, Secretos y mentiras y Crash. Liv Tyler era una desconocida. Pero admiraba a Bertolucci porque en mi adolescencia cinéfila había flipado con "Novecento", con "El último tango en París " y sobre todo con "La luna".

El highlight era que por primera vez en 19 años Bertolucci había vuelto a rodar en su país, alejado de Italia a causa “de la situación política”, como explicó en ese entonces. Se había refugiado en la Toscana —con el mejor paisaje, en una casita sofisticadamente rural, llena de actores amigos y en atmósfera intimista— para rodar esta iniciación de una adolescente al amor que resulta en un film hermoso hasta el empalago, sublime a ratos y vistosamente vacuo la mayoría del tiempo.

Liv Tyler tenía 19 años e iba colgada del brazo del (rejuvenecido) cineasta italiano con aires de tímida doncella y sin saber dónde poner las manos. “Cuando Bernardo me eligió, me dio un ataque al corazón”, dijo. Bertolucci se la encontró en un ascensor y apenas la vio la llamó para interpretar a su Lucy, una chica norteamericana y virgen (¡¡¿¿¿virgen???!!) que llega a Siena a pasar un verano con la intención de reencontrarse con un antiguo novio y de descubrir quién es su verdadero padre. Todos los habitantes de la casa (intelectuales liberales, sofisticados y muuuy inteligentes) quedan marcados con la presencia de la niña-mujer.

Recuerdo que salí cabreada del Palais. Me pareció el capricho de un viejo verde, regodéandose las dos horas en el cuerpo adolescente de su actriz. Lo mismo que hizo el año siguiente con Thandie Newton en "Asediada". Y más o menos ídem con Eva Green en "The Dreamers".

¿Será que llega un momento en que los directores envejecen, no tiene nada más que decir, se ponen babosos y deciden simplemente rodar para pasárselo bien? Fenómenos parecidos tenemos cerca con "La Juani" o "Ninette".

Me los imagino encantados rodando sus películas, en locaciones cómodas, paradisíacas o divertidas, comiendo bien, bebiendo buen vino y disfrutando de la compañía de jóvenes y guap@s. No está mal para ir despidiéndose. Adiós Bernardo! Adiós Bigas! Adiós Garci!

No he vuelto a ver "Belleza robada", que es como la madre de este sub-género de "Películas en la Toscana". Pero conservo la banda sonora. Y aún la escucho.